AIXÍ ENS COMPARTEIXEN EL SEU TESTIMONI LES GERMANES DE LA COMUNITAT DE LA COIPA (PERÚ)
El amor más grande que uno puede tener, es dar su vida por sus amigos. Ustedes son mis amigos si hacen lo que Yo les mando. Ustedes no me escogieron a mí sino que Yo los escogí a ustedes y les he encargado vayan y den mucho fruto y que ese fruto permanezca. Así el Padre les dará todo lo que le pidan en mi nombre. 
(Jn 15,13-14.16)

La razón de nuestra felicidad en la vida comunitaria radica en la gracia y misericordia de Dios y que nos ha elegido a través de su Iglesia, a consagrarle nuestras vidas en este Instituto de la Sagrada Familia, identificándonos con su carisma.

Al mirar nuestra propia historia descubrimos con gozo y gratitud el Amor del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo y experimentamos con alegría el ser hijas de Dios, valorar al otro como hermano, tener como modelo a Jesucristo y aprender de Él a vivir siempre en el dinamismo pascual, tratando así de ser reflejo de su amor.

Lo más bello es sentir su ternura, paciente espera, paz y comunión que nos inspira, capacita, sostiene y acompaña a vivir con alegría y confianza nuestra misión.

En este mirar a Jesucristo, como la Beata Ana María, aprendemos de su humildad y caridad tan necesaria en nuestra vida fraterna respondiendo con dinamismo pastoral, en la medida de nuestras posibilidades.

La certeza del llamado del Señor nos da seguridad en la fe ante las dudas, las dificultades humanas, cuestionamientos... Es allí cuando al contemplar el testimonio de la Beata Madre en épocas de crisis nos devuelve la serenidad, comprensión y paciencia. Son motivos de alegría e impulso apostólico la presencia del Señor, “siempre y en todo” y la espiritualidad janeriana, “brújula viviente”. La realidad de ser CUERPO ÚNICO nos hace sentir unidas a todas las hermanas de cada comunidad, en las distintas realidades, formando así un mosaico bello, rico y complementario  en la Iglesia.

El testimonio del Papa Francisco nos fortalece y nos motiva. Agradecemos los fragmentos de sus enseñanzas y las de la madre Janer incluidos en las celebraciones del tiempo pascual que nos ha ido enviando el Gobierno Provincial.

Las circunstancias concretas en las que estamos insertas, con todas sus limitaciones, se convierten en medio para reconocer que esta “obra” es de Dios y que nosotras aportamos con generosidad nuestra pequeñez pues “el Señor completará con la obra de sus manos”. (Sl 138)


AIXÍ ENS COMPARTEIXEN EL SEU TESTIMONI LES GERMANES DE LA COMUNITAT DE LOS MOLINOS (MADRID)
No me habéis elegido vosotros a mí sino que yo os he elegido a vosotros y os he destinado para que vayáis y deis fruto y vuestro fruto permanezca. 
(Lc 15,16)

LA PALABRA DE DIOS estimula a esta comunidad de la Casa de Espiritualidad de Los Molinos, formada por las hermanas Lucia, Felisa, Eliecer, Hilaria, Engracia, Edith y Consolación, a vivir con ilusión y entrega nuestra MISION APOSTÓLICA para ser ante todo testimonio de oración y vida de entrega a los demás, pues todo lo que  hacemos y vivimos es según el CARISMA que nos legó nuestra fundadora, la Beata Ana María Janer: “Que Jesucristo sea el ideal supremo de nuestra vida  y la razón de nuestra entrega a los demás.”

 

Los grupos que pasan por nuestra casa siempre marchan agradecidos por la acogida fraterna y el testimonio de las germanas. Queremos hacer eco de unas breves palabras de una persona que pasó por aquí: “Pediré vocaciones, como me dijisteis, para que siga la labor tan bonita que estáis haciendo. Sed felices en vuestra entrega; agradezco lo que yo he recibido.”

 

Deseamos que esta labor apostólica continúe en tiempos venideros, por eso pedimos todos los  días al  Señor: “La mies es mucha y los operarios pocos, envía Señor, operarios a  tu mies”.

A veces parece que el Señor está lejos, pero tengamos fe y esperanza en su promesa: “VEN Y SÍGUEME.”

 

En este pueblo de Los Molinos estamos presentes nueve comunidades de distintas Congregaciones y tenemos la buena costumbre de reunirnos cada mes en una de las comunidades para orar por las VOCACIONES.

 

Como casa de oración, dedicamos varias horas del día a estar con el Señor y pedirle por los jóvenes del mundo, para que sean generosos en la respuesta pues confiamos que Él sigue llamando a una vida de entrega a los demás.